PIRATERÍA DE LIBROS CRISTIANOS VS. EDIFICACIÓN EN AMOR AL COMPARTIR LIBROS CRISTIANOS


I. CONCEPTO DE PIRATERÍA.

El término “piratería” es un término antiquísimo, empleado inicialmente por los Romanos y popularizado posteriormente en la época de la conquista del continente americano en los siglos XVI y XVII d.C. La expresión hace referencia al robo o hurto de objetos o materiales que le pertenecen a determinada persona o institución.

II. LA OBRA DE PUBLICACIÓN SEGÚN EL NUEVO TESTAMENTO.

Según el Nuevo Testamento, los cristianos que poseían una mejor situación económica ministraban a los santos menos afortunados (Hch. 4:36-37; 2 Co. 9:1 cf. Ef. 4:28; Gá. 6:10) por medio de contribuciones voluntarias (2 Co. 9:12-14). En este sentido, la obra de publicación de los apóstoles en la época neotestamentaria era el fruto de las contribuciones realizadas por dichos hermanos de las iglesias, por medio de dichas contribuciones los apóstoles adquirían hojas de papiros o pieles curtidas para poder redactar y difundir el evangelio y realizar los correspondientes envíos epistolares a las iglesias de la época;  para ellos no existía excusa alguna para argumentar que era necesario establecer una cuota fija para la adquisición de las epístolas apostólicas, ya que los hermanos se encargaban de sufragar cualquier costo (cf. Col. 4:16; 1 Ts. 5:27).

III. LA OBRA DE PUBLICACIÓN EN LA ÉPOCA DE LA IGLESIA PERSEGUIDA Y EL ESTABLECIMIENTO DE LA RELIGIÓN.

Según Eusebio de Cesárea, en su libro “Historia Eclesiástica”, la obra de publicación apostólica prosiguió inalterable durante la época de la iglesia primitiva, y continúo así, durante la época de la iglesia perseguida (aunque el material bibliográfico que circulaba era bastante escaso). No obstante, hubo un cambio muy marcado en la obra de publicación a partir del establecimiento de la religión cristiana en el siglo IV d.C. Todo el material teológico comenzó a ser parte exclusivo del clero. Durante el período del oscurantismo, la situación se agravo aún más, ya que la educación y la lectura eran exclusivas del clero eclesiástico y de la nobleza, se considera que el 98% de la población mundial en la Edad Media era analfabeta, y el acceso a las verdades bíblicas, y a la Biblia misma, se oculto de la humanidad por completo durante mil años.

IV. LA OBRA DE PUBLICACIÓN EN LA REFORMA Y EN LA ACTUALIDAD.

Durante la época de la Reforma, la obra de publicación se vio inmersa, lamentablemente, en la situación que vivimos ahora. Aunque las verdades bíblicas salieron a la luz nuevamente, las imprentas y las casas editoriales de Europa se abalanzaron sobre Lutero, Calvino y los demás reformadores para adquirir sus escritos y contar con la exclusividad de la publicación de los mismos; en principio no fue un mal de los reformadores, pues ellos únicamente deseaban fervientemente sacar a luz la verdad según la revelación que había recibido en su momento. El mal entonces provenía de las casas editoriales que vieron en la publicación de los escritos de los reformadores una forma muy rentable de percibir ingresos. Hoy la situación es aún peor, pues hoy, tanto los escritores como las casas editoriales persiguen el mismo fin, de ahí la concepción mundana que hoy persiste de los Best Seller cristianos y el premio SEPA a la literatura evangélica. ¿Cuándo galardonaron a Pablo? Él claramente dijo:

“¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio, para no hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio” (1 Co. 9:18).

¡Que palabras más claras! Él solo buscaba ganar a Cristo (Fil. 3:8 cf. He. 11:26) y que su “yo” menguará (Jn. 3:30; Gá. 2:20).

V. LA OBRA DE PUBLICACIÓN Y LA ÉPOCA DE LA IGLESIA DE FILADELFIA (cf. Ap. 3:7-13).

Desde la Reforma del siglo XVI d.C. pasaron muchos siglos, hasta que en el siglo XIX d.C., Dios levanto a la iglesia del amor fraternal (el significado de Filadelfia) representada por los Hermanos Libres de Inglaterra, los cuales continuaron con lo que ya había comenzado en Moravia bajo el liderazgo del conde de Zinzindorf. La obra de publicación entre los Hermanos se caracterizó por el hecho de que otros hermanos colaboraban económicamente para que los escritos de ellos se imprimieran y se difundieran entre los demás miembros de las iglesias, y se elaborarán tratados para la evangelización de los inconversos, de la misma forma que ocurrió en la iglesia primitiva. De esta manera, se dice que Andrew Miller costeo la obra de publicación de los cinco volúmenes de las “Notas al Pentateuco” de C. H. Mackintosh. Esta es la forma de proceder de la verdadera obra de publicación cristiana, es el proceder que retorna al primer amor de la iglesia primitiva (Ap. 2:4), apartarse de esto, es simplemente caer en el estado de la iglesia de Laodicea: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17).

VI. EL OBJETIVO BÍBLICO DE LA OBRA DE PUBLICACIÓN.

El objetivo fundamental de la obra de publicación yace en Colosenses 1:28, donde Pablo nos dice: “A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo a todo hombre”. El común denominador en este versículo es “a todo hombre”, no dice a aquellos que cuenta con el dinero necesario para pagar el precio que el libro que he publicado tiene o que nosotros como casa editorial hemos establecido. La Palabra de Dios dice: “a todo hombre”. ¿Cómo un creyente puede ser perfecto, es decir, maduro sin la enseñanza vertida en una obra de publicación? La respuesta es, que definitivamente no puede, necesita de ella; pero ella debe ser dirigida “a toda persona”, Cristo debe ser “el todo, y en todos” (Col. 3:11).

VII. LA OBEDIENCIA A LA LEY HUMANA VS. LA OBEDIENCIA AL PRINCIPIO BÍBLICO DE LA OBRA DE PUBLICACIÓN.

Como creyentes somos llamados a obedecer las leyes, ciertamente así es (Ro. 13:1-3), pero todo y cuando las mismas no trasgredan las verdades bíblicas contenidas en la Palabra de Dios, y como hemos visto, bíblica e históricamente la labor de los autores y las casas editoriales es contraria a la verdad bíblica.

VIII. EL VIVIR POR FE VS. EL ASALARIAMIENTO.

El Señor Jesús en Juan 10:12-13 hablo acerca de los pastores asalariados; mientras que en Lucas 10:4-7 Él hablo acerca de vivir por fe. Según estos dos pasajes de la Escritura, vivir por fe no es equivalente a tener un salario mensual asignado o un salario basado en un porcentaje sobre las ventas de un determinado libro que hayamos escrito; sino que vivir por fe es recibir “lo que nos den” confiando en el cuidado tierno de nuestro Padre celestial (Mt. 6:25-32). Todo lo que no está bajo esta norma es asalariamiento y seguir el camino de Balaam (Jud. 11).

IX. EL PRINCIPIO BÍBLICO EN CUANTO AL DERECHO LEGAL DE LOS CRISTIANOS.

La Escritura nos dice: “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil. 2:21). “Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigamos Sus pisadas” (1 P. 2:21). Ya que Él renuncio a Su derecho legal de heredar un reino terrenal que le pertenecía por derecho (Mt. 1:1; 26:53), y en su lugar, sucumbió a las penurias de la cruz (Fil. 2:8) por amor a Su iglesia (Ef. 5:25). ¿A caso somos nosotros mejores que Él para exigir nuestros derechos intelectuales? (Mt. 10:24-25). El deseo del Señor es que muramos a nuestro yo, egoísta (Gá. 2:20). De tal manera, que no podemos anteponer nuestro justo derecho, ante el deseo del corazón de Dios, el cual es: la edificación de todos Sus miembros por igual.

X. LA FORMA EN QUE LA IGLESIA DEBE PROCEDER EN CUANTO A LA OBRA DE PUBLICACIÓN CRISTIANA SEGÚN LA BIBLIA.

La iglesia de Dios hoy, deben de saber discernir espiritualmente que miembros han sido dados a Su cuerpo como dones por parte de la Cabeza (Ef. 4:11) para que perfeccionen a los santos, a fin de que estos santos perfeccionados pueda llevar a cabo la obra del ministerio, que es la edificación del Cuerpo de Cristo (Ef. 4:12). Y recolectar los fondos necesarios para imprimir y difundir los escritos de estas personas dotadas, a todos los santos sin excepción alguna dentro de las iglesias. Esto no significa necesariamente facilitarle un libro a cada creyente en particular, pero si, por ejemplo, proveer una biblioteca particular para cada iglesia local. El dinero recolectado no debe ser para pagar un salario al escritor; el escritor debe conformarse con “lo que os de” y confiar en el Señor, que Él abra de suplir toda sus necesidades. Su carga primordial debe ser siempre alcanzar a todos los santos, y estos sin excepción alguna. Esta es la verdadera obra de publicación cristiana, y Pablo expresa buenas palabras en cuanto a esto:

“Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso” (2 Co. 11:9).

“He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos” (2 Co. 12:14).

Por el lado de los creyentes, ellos deben de estar prestos a suplir las necesidades básicas de los escritores cristianos, sin concederles un salario fijo o cosa alguna como un porcentaje sobre las ventas. Por el lado de los escritores, ellos nunca deben buscar se gravosos a las iglesias y no buscar el lucro; sino la edificación real de todos los hermanos.

XI. CONCLUSIÓN: LA VERDAD BÍBLICA NO ESTA SUJETA A DUEÑO ALGUNO, SINO QUE PERTENECE A DIOS QUE NOS REVELÓ SU PALABRA Y QUE NOS DIO EL ENTENDIMIENTO PARA QUE DE GRACIA DEMOS LO QUE DE GRACIA RECIBIMOS.

Desde el punto de la cosmovisión cristiana, argumentar que compartir un libro que nosotros escribimos sin nuestro consentimiento y sin remuneración alguna para nuestra persona es un robo, y por tanto, piratería, es retener con injusticia la verdad (Ro. 1:18). Pilato pregunto: ¿Qué es la verdad? (Jn. 18:38). La verdad es Su palabra (Ef. 1:13; Col. 1:5) y la verdad es Dios mismo que se expresa al hombre con luz (1 Jn. 1:5-6; Jn. 1:5; Mt. 4:16). Anteponer nuestros derechos ante el amor a los hermanos es estar en tinieblas (1 Jn. 2:11), y por tanto, es estar en contra de la verdad y retenerla para nuestros fines egoístas. Juan dijo: “Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y con veracidad. Y en esto conoceremos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de El; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y El sabe todas las cosas” (1 Jn. 3:18-20). Todo lo hemos recibido de Dios (Stg. 1:17), ¿Por qué entonces no dar de gracia lo que de gracia recibimos (Mt. 10:8)?. Que los inconversos, que andan en la vanidad de su mente (Ef. 4:17) reclamen sus derechos sobre su material escrito, pero en la iglesia de Dios esto no debe ni debería de existir (Cf. 1 Co. 6:5-6). “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Co. 11:16).


Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hch. 4:19)


En Cristo.

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